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AUTOEVALUACIÓN

Comencé la carrera de Artes Escénicas en el año 2014 y estudié Comunicación Social paralelamente. Hacer múltiple programa hizo que las carreras duraran más de lo habitual, que tuviera cierta intermitencia y que finalmente lograra encontrarme en un punto compartido entre ambos campos. Empecé sin tener objetivos claros, lo que me permitió pasar por todos los énfasis y probar diferentes asignaturas. No sabía para donde iba pero siempre me acompañaron dos elementos: el uso de la voz y las preguntas por el público. Ahora completo un ciclo con mayor claridad y múltiples aprendizajes que me han aportado a ser una artista escénica integral. Tengo una conciencia diferente de mi cuerpo y de mi potencial creativo. Me he acercado desde una visión somática a formas de entrenamiento, a escucharme y a conocer quién soy como artista y vuelvo a los dos elementos que determinaron mi hacer. Hoy soy una mujer con potencial creativo que valora el encuentro y que puede desenvolverse en la gestión de este a partir de los usos de su voz.

Mi transformación en la carrera se evidencia en la distancia, en momentos en que me he alejado de la carrera o de un hacer determinado, permitiéndome volver con mayor comprensión. Estos momentos principales fueron: un intercambio al terminar el ciclo básico, una lesión que me llevó a dejar la danza, un año en el que tomé principalmente materias de mi segunda carrera, un año en el que hice la tesis y la práctica de Comunicación Social, y finalmente, la cuarentena. También fueron clave los momentos de transformación en clases en las que pude observarme cada vez con mayor conciencia. Entre ellas se encuentran: el ensamble de Teatro musical ¡Casting! (2016-3), Dramaturgia del movimiento (2017-1), Análisis de movimiento Laban (2017-3), Visión Somática (2018-2), Creadores, Gestores y Espacios de circulación (2018-3), Técnica básica de somática de oriente (2019-1) y el Laboratorio de voz cantada (2020-1).  

 

Empecé la carrera con una amplia formación anterior en música y un poco en danza. Si bien quería tener la música en mi carrera, pensaba que el lugar de hacerlo era el teatro musical y la danza. Durante el ciclo básico me enfrenté a nuevos conocimientos en los tres énfasis, pero el miedo y la tensión no me permitían observarme y explorar. En actuación me sentía negada para proponer o improvisar, y darme el permiso de jugar me era imposible. En somática, mi autoconciencia se limitaba a las tensiones que percibía sin reconocerlas como tal. Tenía una buena relación con lo externo, con los demás, pero no conmigo. Pensaba mucho en la forma, en lo que se veía. Me costaba percibir mis sensaciones y la organicidad de mi cuerpo. En general me tomó mucho tiempo después del ciclo básico poder entender los retos y las oportunidades que me ofrecía la carrera.

Los primeros retos se hicieron evidentes después del intercambio en donde se reforzó en mí la fuerte fascinación por el teatro musical. Lo mucho que este me conmovía era un motor para estudiar artes escénicas. Empecé el ciclo profesional poniéndome las etiquetas de “énfasis en danza” y “ensambles de teatro musical”, etiquetas que me ayudaron a confiar lo suficiente en mis capacidades para tomar técnicas básicas de danza como ballet y jazz. Pero al no haber interiorizado los principios de somática aún, mi búsqueda seguía ubicada en el lugar de la forma. Entonces en mis primeros dos ensambles, que fueron de teatro musical, bailé muy poco, pero canté, y el reto que me proponían los ensambles era hacia la actuación. Eso evidenció un cambio en mi compromiso y mis herramientas actorales. Pasé del pánico del ciclo básico, a un primer ensamble en el que sufría con la actuación porque no sabía hacia donde correr riesgos, y luego al ensamble de Teatro musical ¡Casting! en donde encontré un espacio para crecer, trabajar desde mi autonomía y proponer.

Insistí en la danza tanto por gusto como por susto a la actuación. Allí encontré dos obstáculos principales: una lesión en el tendón de Aquiles que no supe como escuchar, y una falta de presencia: no me veía y no sabía que me costaba proyectarme en el espacio. La lesión que aún no comprendía me llevó a un reencuentro con la somática en donde ya podía entender en mí alguna información del ciclo básico. Por ejemplo, identifiqué la tensión que primaba en mi autopercepción la cual impedía que pudiera percibir otras sensaciones, escucharme o ceder. Muchos semestres después entendí que esta misma tensión era lo que me impedía expandirme libremente en el espacio, verme y entregar generosamente lo que podía hacer.

La lesión me llevó a distanciarme de la danza, dando lugar a un nuevo punto de giro. Necesitaba escucharme, inhibir los hábitos de movimiento que tenía interiorizados para luego reaprenderlos. Durante esta incertidumbre terminé cantando en el ensamble de danza contemporánea “No, ella no” (2017-1). El miedo a la deriva no me permitía ver con claridad que tenía un hacer distinto a la danza. Al dejarla se abrieron muchas posibilidades en la carrera, encontré nuevas perspectivas que quizá no estaban tan desligadas de la danza como pensaba en clases como Dramaturgia del movimiento (2017-1) y Laboratorio de composición de viewpoints. Estas me llevaron al juego, a la exploración, a perderle el miedo a la improvisación,  a dejar de juzgarme y encontrar pretextos para aceptar, crear y proponer.

El acercamiento al juego me llevó a  conocer cómo juego yo.  Encontré el aprendizaje técnico que guio mi forma de ejecutar en la carrera a partir de ese momento: el laboratorio Análisis de movimiento Laban (2017-3). Éste me dio pautas para entender a nivel práctico lo que sucedía con mi cuerpo, cómo me veían los demás, y por qué tendía a no verme. Me convertí entonces en mi nuevo objeto de estudio, y lo sigo siendo. Podía crear desde mi experiencia. El lenguaje y las herramientas que había adquirido me permitían tomar más riesgos y ser más expresiva como se evidenció en el ensamble de teatro Nuestras tres hermanas (2017-3), una versión de Las Tres Hermanas de Chejov en donde interpreté a Tuzenbach.

Durante el tiempo que me alejé para ver materias de comunicación, tomé Visión Somática (2018-2), una asignatura que resumía la somática como un eje transversal de  la carrera.  Acá me pude hacer preguntas sobre mi forma de crear, mis hábitos y mi participación en el mundo como ejecutante-creadora. Preguntas que me hicieron tener mayor conciencia de mi potencial creativo, de “yo, el otro y la situación”, de la responsabilidad de involucrarse en la creación y participar del encuentro con otras personas. Estos conocimientos se amplificaron en los escenarios de comunicación social; empecé a ser más consiente de mis hábitos en distintos contextos, del otro y de la forma como mis acciones afectan y transforman las situaciones.

Luego, en Creadores, Gestores y Espacios de Circulación (2018-3), pude hacer un proyecto a partir de mis preguntas: ¿quién se encarga de pensar en el público? ¿Cómo aumentar la asistencia a eventos escénicos en Bogotá? Entonces en grupo desarrollamos el prototipo de PLACE, una plataforma de difusión de la oferta escénica Bogotana. Este proyecto fue el primer paso de mi trabajo de grado de Comunicación Social: “Una mirada estratégica hacia las audiencias teatrales en Bogotá”,  dirigido por la docente de Gestores, Vanessa Ortiz Severino. En esta propuse estrategias organizacionales para aumentar la asistencia a obras de artes escénicas a través de la creación de relaciones entre las compañías y el público. Este trabajo de grado me demostró que lo que es más importante para mí en las artes escénicas es entenderlas como un lugar que propicia el encuentro vivo de seres humanos que se sienten vivos por estar compartiendo en el mismo lugar. Siguiendo la misma línea hice una práctica en la Fundación Teatro Nacional como jefe de prensa de La Casa del Teatro Nacional en donde pude probar mis investigaciones teóricas en el mundo real y entender las prácticas actuales de gestión y difusión de las artes más de cerca. 

 

Simultáneamente a esta investigación, también pude mirar hacia adentro más profundamente en Técnica básica de somática de oriente (2019-1). Acá por medio de la somática me di el permiso de conectarme con mis sensaciones, sentimientos y emociones. Esto cobró sentido cuando volví a la carrera por última vez a cursar mi último semestre. Este lo hago con claridad sobre mis conocimientos en gestión cultural, habiendo dibujado un camino a seguir al salir de la carrera alrededor del encuentro y la mediación de las artes.

Sin embargo, escogí asignaturas prácticas en las que me estudiaría como ejecutante con el interés de volver a mi voz, a la expresión y el lograr transmitir apropiadamente lo que deseo. Me plantee premisas desde el autocuidado, la escucha, el evitar tensiones innecesarias y el trabajar desde el gozo; pensar constantemente “qué necesito y qué quiero” y ser más sensible a mis sensaciones. Esta forma de estar, sumada a la situación de confinamiento obligatorio me ayudó a reconocer el potencial creativo y sensible en mí. Esto fue especialmente evidente en el laboratorio de voz cantada (2020-1), en donde logré hacer una investigación somática al rededor del uso de mi voz tanto hablada como cantada y reconocer mis capacidades expresivas. Entendí que el generar el encuentro a través del arte parte de entender mis pulsiones y ser generosa al compartir con gusto lo que hago, en este caso, lo que canto.

Dentro de mi hacer como artista, hoy puedo decir que soy una actriz y cantante que se pone en función de una obra, y que así sea una artista integral, no necesariamente me desempeñaré dentro del territorio de la danza como lo había pensado en un principio. Hoy soy Comunicadora Social y aspirante a graduarme como Maestra en Artes Escénicas. Soy una investigadora de mí misma y de mi manera de estar y ser. Soy una persona interesada en propiciar el encuentro y las relaciones humanas ya que me siento viva dentro del hacer escénico y tengo el deseo de propagar esta sensación. En ambas carreras está mi voz como el punto que me ancla, ya sea a través de canto, del habla, de las relaciones públicas o desde a gestión cultural, he encontrado que puedo usar mi voz para propiciar estos espacios de encuentro, en donde además encuentro vacíos dentro del medio que posiblemente pueda ayudar a llenar.

Me falta trabajo práctico pasado por la conciencia, correr más riesgos desde el lenguaje y el archivo que he cultivado en estos años, y estar más segura de mis capacidades de expresar y transmitir. Ha sido importante para mí entender que mis procesos toman tiempo y que me demoro en asimilar el conocimiento e interiorizarlo. Me falta ser más concreta, ponerle atención a los detalles y confiar en mí sin pensar en la aprobación del otro.  Sigo buscando en mi voz, en mis capacidades comunicativas para propiciar el encuentro. Sigo buscando en mis cualidades expresivas, en la relación entre lo que hay dentro de mí y lo que exteriorizo, pensando en cómo lo hago y con qué fin. Sigo ahondando en el evento escénico como lugar de encuentro y cómo utilizarlo para el beneficio de una comunidad.

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