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Técnica básica: Cuerpo es voz

Docente: Rosario Jaramillo

08.2017

Cuerpo es voz

Mi experiencia personal

En este semestre, la asignatura Cuerpo es voz, dictada por la maestra Rosario Jaramillo, me ha ayudado a acercarme a mi voz desde puntos de vista no explorados previamente y así ha ido cambiando mi propiocepción. No solo he comprendido aspectos de mi aparato sonoro, también he revisado aspectos posturales, mentales y sensoriales que me hacen pensar en mí como totalidad a la vez que trabajo con mi voz singularmente. Este pequeño escrito pretende recopilar momentos destacados de mi experiencia hasta el momento, pasando por unos de los ejercicios que hemos hecho en clase, para llegar a mis reflexiones y nuevos conocimientos.


Desde semestres atrás he tenido muchas dudas sobre la voz, cómo hacerme oír y más allá de oírme en sonido, cómo hacer oír mis ideas. Además sé qué a veces no me oigo a mí misma. Es decir, no siempre se lo que quiero, incluso cuando lo estoy comunicando al exterior.


Me parece importante notar la importancia de la voz en el proceso comunicativo. Es parte de nuestra herramienta de trabajo como artistas escénicos, nuestro cuerpo. Mi voz es mi sonido particular que he creado a partir de mi existencia. Pero también es mis ideas: la voz propia se escucha también en los escritos de una persona, y ojalá se escuchara en su mera presencia. En mi caso particular, entré a la carrera porque antes cantaba. En el semestre que estoy cursando, la vida me ha llevado a cantar otra vez, y me ha acordado de que si tengo este instrumento, lo debo cultivar y usar para decir algo importante. Ahora bien, una de mis metas es aprender a escucharme lo suficiente para poder saber qué es lo que tengo para decir, porque hasta ahora, son otros los que tienen más fe en mi voz que yo.


Al preguntar cómo hacerme oír, refiriéndome al mero sonido, una maestra de la carrera nos respondió que debíamos hacer vibrar los huesos de todo el cuerpo. Esto no lo había entendido hasta esta clase porque el acercamiento al cuerpo se dio desde el primer día con énfasis en la columna vertebral. En primer lugar, el sacro, el centro de gravedad y la base; para algunos el lugar de lo sagrado, del alma y la creación. Y siguiéndolo, la columna, nuestro tallo, encargada de mantener la cabeza arriba y el espacio entre nuestros órganos vitales, la que permite el crecimiento y la expansión, como un árbol que dirige la energía hacia arriba pero enraizándose hasta donde puede.


Hicimos un ejercicio en parejas la primera semana, golpeando vertebra por vertebra la columna del otro mientras la enrollaba y la desenrollaba, tomando conciencia. Golpear el hueso produce un sonido, que me hace caer en cuenta de que son espacios resonantes. Esta conciencia de cada vertebra se ha seguido trabajando hasta ahora, localizando los sonidos en diferentes partes del cuerpo, como si fuéramos una flauta, y hablando mientras la articulamos, para sentir, entre muchas cosas, una relación directa entre todo el torso, visualizando el pasar del sonido por cada parte de la columna hasta ser emitido. Al emitir sonidos generalmente siento la vibración en el pecho, el cuello y la nariz. Algunas veces la he podido sentir más abajo. He entendido a través de la experiencia que los huesos son resonadores y sí vibran. También que la razón por la que tenemos afinidad con ciertos sonidos es por sus vibraciones, que literalmente resuenan EN nosotros.


Otra información que siempre he recibido es “sacar la voz desde el estómago”, que en las clases de canto se convirtió a “apoyar” y en otras clases de la carrera tenía que ver con el centro, como todo lo demás. El centro es el punto medio, donde se guarda la energía, la presencia y todo lo visceral, en su amplitud de significados. Anatómicamente es complicado, pero en clase parece ser algo más sencillo y orgánico. La introducción del término tacto de sonido cambió mi forma de sentir la voz. La romántica imagen de un lago de vibraciones del que salen burbujas por el punto más alto del diafragma me ha ayudado a desprenderme de mañas y de ir a lo esencial, sentir mi cuerpo durante la emisión de sonido. Por medio de ejercicios con esta imagen experimenté la diferencia entre usar la garganta y usar el tronco para la emisión. De la segunda manera la voz es más redonda, tiene más cuerpo y resonancia, en estos ejercicios la siento más propia, y además, más adulta.

Las imágenes, la evocación y la invocación de estas ha sido clave en este proceso. A parte del lago de vibraciones y del cuerpo como un árbol cuyo tronco empieza en el sacro, la clase tiene una consigna que repite a diario que recorre diferentes partes del cuerpo para hacer conciencia de las condiciones óptimas para la voz, empezando por tener los pies activos, enraizados sobre el suelo, y terminando con una sonrisa interior. Estos no son términos científicos, pero son una forma en la que a través de imágenes mentales nos percibimos interna y externamente, y si es necesario, hacemos cambios. Todo con intenciones, que son las que nos dan la presencia.


En cuanto las intenciones, cambié mi forma de respirar, ya que entendí que el cuerpo lo hace solo, y que en lugar de forzar una inhalación cuando no es necesaria, el invocar, a través del impulso senti-pensante la imagen del suspiro de alivio, simplemente crea el espacio para recibir el aire que entra sin ninguna oposición. La importancia de la respiración además me ha llevado a un estado meditativo para realmente dedicarme tiempo a mí misma. Es así como las imágenes me han llevado a pensar en energías en el espacio, que en este caso se sienten en forma de vibración.


En este campo místico destaco un ejercicio en el que hacemos un circulo hacia atrás, movemos la energía con las manos, para recibirla de corazón y entregarla desde el centro, ser uno con el espacio, sentirse parte de y el todo. De aquí lo más íntimo de la clase, el fundirme con el espacio desde la voz y sentir como esta lo llena. Esto me hace pensar que si mi voz no llega a donde quiero que lo haga, es posible que sea una cuestión de confianza y de intención. Si yo sé que puedo llenar el espacio y tengo la intención de hacerlo, lo puedo hacer. Lo que va ligado a la cuestión de la autoestima: yo no me había dado cuenta de que me daba miedo mi voz, tal vez por no saber exactamente como es. Sé que soy muy variable, al igual que mi voz, pero acá le he visto otras formas y capacidades que no sabía que tenía.


Tal vez por eso me cuesta imaginar mi voz de una forma visible, algo que nunca había pensado antes de esta clase. Sí, normalmente en las clases de canto se habla de imágenes o sensaciones, pero estas normalmente son dadas por el maestro, no por uno mismo, y pensar en el color, no como el color sonoro, sino como el color visual de mi voz, es algo que me ha costado muchísimo trabajo. Con la opción de imaginarla en clase, a veces pienso que es solo como un pequeño hilo, y es de muchos colores que salen uno tras otro. Pero otras veces, cuando hacemos ejercicios invocándola relajadamente y pienso en las vibraciones que se producen en mí, pienso que la imagen es mucho más grande, parece mi aura en vibración, en vez de colores, solo son ondas en el espacio, como las ondas de calor que emite una llama de fuego. Es algo que no se ve, pero está ahí.


La aproximación a la voz en esta clase me ha hecho llegar a una comprensión de que efectivamente cuerpo es voz, de la misma forma en que voz es cuerpo. Que lo que uno hace con el resto de su cuerpo afecta la voz, y que esta es una parte muy importante del cuerpo y del ser. La percibo como uno de los elementos claves de la comunicación del ser humano, es una forma de mostrarnos a nosotros mismos y de traer lo que tenemos adentro hacia el mundo exterior. El estar en armonía con la voz propia es parte de estar en armonía con uno mismo y con lo que uno es (con uno y con los demás). De la misma forma, el tener confianza en la voz propia es tener confianza en uno mismo. Y en esta clase he sentido que la confianza y la armonía se dan en la relajación, estado en el que la mente está más clara e invita al trabajo en uno mismo.


Por último, así estemos estudiando el sonido, me fascina el silencio, el cambio que se crea después de la emisión de un sonido. Es donde se da la transformación, cuando lo que se dijo cobra importancia. Lo más preciado del sonido es lo que puede lograr al concretarse. Espero que al final de este curso pueda llevar este concepto a la práctica para poder resonar en mi mente y tal vez en la de alguien más al tener algo que reconozca importante para ser dicho.

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