LUISA VALENZUELA
EVALUACIÓN DE PARES
Conocí a Juliana en la clase de principios de Somática II impartida por Bobby Rosenberg en el 2016, recuerdo sus aportes a la clase, amables y concretos, desde allí me sentí conectada con ella, cercana, como si me identificará con una parte de ella.
Por ese entonces llevaba 2 años en la universidad, estudiaba Comunicación Social paralelamente a la carrera de Artes Escénicas. Hacer doble programa de pregrado puede llegar a demorar el proceso académico habitual, seguramente por eso me la topé en una de la clase del ciclo básico, impartidas en el primer año de carrera.
Sabía qué hacía doble programa y no conocía, a esa fecha, su fuerte trabajo con la voz cantada. En las clases no intervenía mucho, pero siempre que lo hacía era asertiva con el uso de términos para referirse a su cuerpo y a las sensaciones que experimentaba. Sin embargo, aunque el uso de la palabra era bueno, observaba su voz, como ente que más que verbalizar, transmite lo que genuinamente nos convoca y nos mueve, ausente. Como si a ese punto de su proceso académico no encontrará su lugar como ejecutante y esos determinará su disposición energética a la clase.
Juliana tenia conocimientos de técnica vocal previos a la carrera, paradójicamente, los lugares de encuentro entre sus dos carreras eran la voz, la voz hablada como comunicadora social y la voz cantada como artista escénica. No obstante, frente a lo que la escena compete, no había una voz propia que anunciara sus alcances; quizás porque aún no se desarrollaba la autoimagen asertiva que nos permite vender nuestro quehacer artístico como producto. En realidad a ese punto era difuso para mí, pero existía algo claro, Juliana no quería ser cantante solista, si ese hubiera sido su deseo se habría inscrito en su segundo pregrado al programa de Músico de la misma Facultad de Artes, pero a cambio decidió ingresar en la carrera de Artes Escénicas dónde la voz cantada aparece como una extensión más de las múltiples posibilidades del que hacer escénico. La experiencia viva y efímera de proscenio la convocaba sin que estuviera en el radar de su conciencia.
La curva de aprendizaje en Juliana la he observado puntualmente entre el ensamble de danza contemporánea en 2017 y la clase de voz cantada en el presente año, 2020; estando marcado por la voz, no solo como dispositivo sonoro, sino como ente que agencia nuestra identidad cambiante y constante, nuestros deseos e intereses.
Siempre que se ausentaba de la carrera, en su volver la sentía más fuerte en su por qué y para qué estoy aquí, como si empezará a divisar y a reafirmarse su interés personal en una carrera de Artes Escénicas. Asumo que es apenas normal, el alejarnos de algo nos permite decantar la información, profundizar en temas particulares, afirmarse y reafirmarse. Observe eso como potencial de insumo creativo cuando canto y bailo en el ensamble “No, ella no” dirigido por Sara Storer; una voz con cuerpo y un cuerpo con voz listos para las escenas salieron a proscenio.
Estuvo en su primera etapa del ciclo profesional en ensambles más cercanos al teatro musical, un espacio dónde se sentía más segura, podía darle rienda suelta a la cantante que hacía una carrera de Artes Escénicas. El sentirse identificada con esta línea escénica, la llevo, según sus palabras, a acercarse a la danza y a la actuación como necesidad de ser el tan afamado “artista integral” que está cargado de muchas técnicas. Así, teniendo como base un objetivo, y no un proceso, la danza se observó desde la forma, desde el ojo de quién observa y admira las capacidades físicas del intérprete y no desde el mismo interprete. Esta forma de acercarse al movimiento le trajo consecuencias, el cuerpo nunca da tregua para decirnos cuando vamos por el camino erróneo, la tensión en el tendón de Aquiles apareció como un llamado en el camino. La pregunta frente a cómo era ella ejecutante dentro del evento escénico se transformó en su proceso personal, reflejando de forma indirecta la curva en su búsqueda profesional.
Un llamado al autocuidado y al volver a replantearse el por qué y para qué el trabajo corporal en la búsqueda del movimiento, en la construcción del encuentro escénico, en la búsqueda de su voz como principio de criterio personal en la búsqueda de la integridad escénica. ¿Que integraba a Juliana? ¿Quién era ella, como individuo y profesional, y como esto potenciaba el evento escénico? La carrera de comunicación social y la de carrera de Artes escénicas entonces empezaron a enlazarse, como si se engranara los dientes del motor de un pequeño reloj mecánico.
La articulación con sus dos carrera fue más evidente con las preguntas por el público que aparecen en la clase de Creadores, Gestores y Espacios de Circulación en el segundo semestre de 2018, proceso que gratamente acompañe durante las charlas del almuerzo o las onces de media mañana. Allí desarrollo una plataforma de difusión de la oferta escénica Bogotana bajo el nombre PLACE, que posteriormente se convertiría en su primer paso a su trabajo de grado para recibir el título de Comunicadora Social; demostrando sus habilidades en la gestión cultural y la forma de encontrar relación con su segunda carrera de comunicación a través de la propiciación de las relaciones humanas dentro de los eventos escénicos y la difusión del mismo.
Desde entonces sigo observando el crecimiento en su curva de aprendizaje, sigue haciéndose preguntas acerca de la comunicación asertiva, del encuentro humano y de la integralidad como artista escénica, que no es más que la honesta relación entre su voz como individuo y su quéhacer profesional, como comunicadora y artista. Así mismo percibo en Juliana un camino aún por recorrer frente a la autoimagen de sus capacidades y potenciales de desarrollos; le cuesta tomar la voz para compartir con el exterior quién es y qué hace. Es curioso como el uso de la voz en los individuos se aleja de la función sonora para convertirse en un representación intangible de lo que somos. Considero que debe trabajar sobre su autoimagen y la disposición que toma cuando no encuentra el camino, su voz; el abandonar y retirarse estimulan el respiro, el apaciguamiento y el decantamiento de la información, pero quizás buscar esa decantación en el mismo camino nos lleve a otros lugares igual de provechosos para la búsqueda personal y profesional constante.
Juli, como fraternalmente le llamo desde hace años, tiene un potencial increíble desde la comunicación, desde la búsqueda de transmitir y generar encuentros humanos; bien sea desde su lugar como ejecutante escénica, como cantante que hace teatro o danza en función de las necesidades escénicas o como gestora cultural. Ella será quién al final encuentre su camino, su voz, en esta nueva etapa de su carrera profesional, tengo fe en que lo hará, siempre lo ha hecho, porque las preguntas del por qué y para qué, aunque a veces no se hallaran con respuesta, siempre estuvieron presentes en su procesos académicos.
Con cariño,
Luisa Fernanda Valenzuela