Leyendo sobre Pina Bausch
Mentes abiertas, mentes brillantes, mentes contentas; bajo este el lema fui educada. Yo siempre pensé que lo tenía muy presente y que lo practicaba sagradamente hasta que en estos semestres de universidad me doy cuenta que a pesar de estar estudiando una carrera tan amplia, me he quedado encerrada en ciertos parámetros y me ha costado darle la oportunidad a obras y estilos que no logro descifrar lingüísticamente. Esto es algo que he logrado concretar después de leer y pensar sobre el libro Pina Bausch, Historias de Teatro-danza, de Raimund Hoghe, que leímos para la clase Puesta en escena de Dramaturgia del Movimiento con la docente Juliana Reyes. El presente da cuenta de mis reflexiones alrededor del libro apoyadas por el trabajo en clase.
En este libro, Raimund Hoghe da cuenta de su experiencia trabajando con la coreógrafa Pina Bausch y explica sus principios de creación en algunas de sus obras. El traductor, en el prólogo, cree que esta lectura puede ayudar tanto al ejecutante como a participante a entender de qué se trata el teatro-danza, y puedo afirmar que si lo hace. Para alguien como yo, que no conoce mucho del tema y que me cuesta entender el trabajo de Pina, ha sido una gran puerta la que se abre a este mundo. Para mí, el tema central del libro es la libertad que propone Pina tanto para crear como para ver, una libertad retadora que a mi percepción, se debe construir.
En el libro se explica que Pina trabaja siempre sobre las relaciones humanas, trata de observar a las personas y muestra lo que observa, pero no lo juzga. Trata los estereotipos del comportamiento humano, las formas, los roles prescritos, la heterogeneidad y la contradicción en las personas. Trata lo que la gente oculta pero igual muestra, dice que somos transparentes, que la forma de movernos delata mucho sobre cada uno.
Pina admira la realidad y siente que lo que hace no es nada a comparación de la realidad misma. Sus obras nacen del deseo de vivir experiencias verdaderas, entregándose a cosas reales. Trabaja sobre la vida, y yo rescato lo que dice al ver a alguien tener una fuerte respiración: “es bonito cuando uno ve que alguien está vivo.”
Entre los momentos recurrentes de sus obras aparece el querer ser amado y lo que se hace para serlo, el consuelo, el miedo al amor, la aceptación del deseo de amor y de cariño. Pero todo esto tiene diferentes formas de verse, de entenderse y de trabajarse. Así como cuando menciona que repetidas veces se ve en sus obras a mujeres tratadas como muñecas por los hombres, en donde Pina sugiere a este momento diferentes matices.
En el capítulo Walzer, Hoghe hace una lista de puntos de partida para la creación. Entre estos está “Dime, a ti también te pasa lo mismo?”, y yo siento que este en conjunto con el amor, son sus puntos de partida, o de llegada más recurrentes.
Me encantan algunas pautas que se propone en los días de ensayo, que a veces son muy reales en el comportamiento humano pero que rara vez aceptamos. Por ejemplo, “personas que se conocen y que quieren pasar desapercibidas”. Esta frase en particular me sugiere mil momentos inmediatamente al leerla. También me conmueve el “ser como niños” que se sugiere constantemente. Me gusta cuando menciona que de niños nos prohibían mirar abiertamente a todo, que podía ser algo grosero. Y es verdad, aprendimos a no mirar. Pero el trabajo del ejecutante y de todo artista escénico se basa en mirar a los demás y a nosotros mismos, observar todo lo que podamos, como lo sugiere Pina, para de ahí poder hacer algo y mostrar lo que vemos.
Para hablar sobre el trabajo de Pina Bausch retomo la cita de Meryl Tankard, “Tiene demasiado que ver con lo que sientes y con tu propia manera de ver las cosas, todo ello no se puede expresar con palabras”. Pina trabaja desde la experimentación, encuentra puntos de partida en diversas fuentes y se cuestiona, a ella misma y todo a su alrededor.
Busca la sinceridad, “mostrar y sugerir” no “demostrar ni denunciar”. Su intención es acercarse y esbozar, no da las cosas muy masticadas o explicadas. Propone tener en cuenta diferentes puntos de vista y formas de interpretación; el estar abierto a todo. Y así reta al participante a observar sin prejuicios, cosa que a mí me cuesta mucho trabajo porque me gusta entender lo que está pasando dentro de mi “universo organizado”. A la mayoría de las cosas que no tienen una línea narrativa clara se la invento porque me cuesta trabajo ver, apreciar o sentir sin pasar por la razón.
Durante la creación, Pina propone ciertas pautas y casi nunca interfiere en el proceso de experimentación y autoreconocimiento instigado. Permite que cada uno haga y sea lo que desea. Solo interrumpe después de largas improvisaciones y se dirige a cada intérprete, al interesado, en su situación particular y trabaja sobre las experiencias propias. Así como en los ensayos, sus obras proponen preguntas, las respuestas quedan abiertas.
Sus obras no están concebidas teóricamente. No planifican, la obra surge de lo que pasa entre el grupo, (y el trabajo en solitario de cada integrante). Usa constantemente la experimentación, no decide con el pensamiento porque todo hay que probarlo. Dice que las palabras no son lo suyo, sin embargo a su compañía no les es posible usar un texto ajeno, sino que todo lo que dicen surge en los ensayos.
En este proceso de creación, Pina empieza por preguntas, un intento de volver siempre al principio y de redescubrir lo más básico dentro del ejecutante y poder “volver a sentir”. En las últimas obras que hizo propuso un punto de partida, y luego le dejó todo a la improvisación y a la experimentación con el grupo. Es así como las pautas se transforman y traspasan los límites de las pautas, así explica qué sucedió en Kontakthof, en donde el gesto de la ternura se transforma fluidamente hasta los golpes.
Después de proponer muchísimos puntos de partida y tener muchos más temas e historias, se extraen unos subjetivamente y se pide a los ejecutantes que retomen unos momentos e imágenes claras de las improvisaciones. Luego se llevan estas al espacio en donde será la función, esto trae otras cosas nuevas, y se van haciendo cambios sin importar a cuanto estén de la fecha de estreno. Ella escribe lo que va a pasar por medio de consignas mientras construye ciertos bloques escénicos integrados a un contexto. Hace cambios constantemente, incluso después de presentada la obra. Me llamó mucho la atención que se permita ponerle o cambiarle el nombre a sus obras después de presentadas
Sus obras quedan como un conjunto de retazos que insinúan una realidad existente en la que podemos reconocer ciertas partes porque quedan ampliadas. Las imágenes son más grandes de lo que vemos a simple vista, se ven y se amplían con las experiencias personales. No se dejan separar de la propia historia porque esta no se limita únicamente a lo que se ve en la obra teatral. Sus obras son mucho más abiertas de cómo algunos las interpretan. Pina “se niega a aceptar, incluso, que ciertas imágenes indiscutiblemente en sus obras tengan que ser adscritas a una casilla determinada”.
En su trabajo no hay predisposiciones hacia los finales, “nunca se puede decir a priori como va a desarrollarse la obra…”. Esto mismo sucede con la lectura del libro. En el prólogo del libro, se afirma que este da muestra del “uso sincopado, gestual y fragmentado de las obras de Pina”, y si, así es. Aunque la lectura tenga muchos puntos interesantes e importantes, es difícil seguirle el hilo y entender a qué o a quien se refiere en ciertos párrafos. Además la estructura del libro hace que cada capítulo este escrito de una forma distinta.
Dentro de lo que me sucedió leyendo el libro fue que pude traer a mí una sensación similar de lo que sentía el viendo una obra de Pina. Por ejemplo, en la página 22, el autor narra que ha tenido diferentes experiencias viendo una misma obra tres veces; a mí me paso algo similar con las primeras páginas del libro, las leí varias veces y subrayé cosas distintas, la siguiente vez no tenía claro el porqué de lo que había subrayado la primera vez. Creo entonces que el libro es sumamente rico en contenido y que cada vez que uno lo lea, dependiendo de las circunstancias, le va a encontrar cosas nuevas.
Sin embargo, a mi cuadriculado pensamiento le costó trabajo entender ciertas partes, especialmente en los diarios de los ensayos, cuando lo que aparece en una entrada de un día es un resumen de lo que se hizo en el ensayo, algo que pensó después del ensayo, o algo que Pina dijo. También es difícil a veces diferenciar entre la voz de Pina y la del autor. Igualmente, en los diarios mencionan momentos en los que la compañía experimenta ciertas cosas, y como lectora me pregunto si estas cosas suceden durante los ensayos o si él las ve o las conversa con la compañía en el tiempo por fuera de este.
Así como Hoghe es muy poco fluido entre las partes, y el lector puede sentir unos fuertes cortes, su descripción de ciertos momentos es muy rica con pocas palabras. Me ha llamado la atención la forma en que describe momentos en la escena: el agua en Arien, la música que suena detrás, las imágenes de Rolf Borzik y sus propuestas con elementos reales, todo esto crea imágenes y universos rápidamente en mi mente.
También menciona canciones que crean toda una atmosfera, el solo hecho de leer “Billie Holiday canta “Strange fruit””, es algo tan sencillo como fuerte para mi mente. Así creo que resuenan diferentes partes del libro en cada lector, y que cada frase que se propone en el texto es igual de fuerte en diferentes sentidos.
Unos últimos pensamientos sobre la lectura. Me queda sonando la frase “la verdadera esencia del teatro consiste en una conexión activa entre actor y público, conexión que no sería posible si el teatro no estuviera sustentado por la experiencia real” porque creo que se le ha hecho mucho énfasis en nuestra clase de Dramaturgia del movimiento, la cualidad viva de este arte y que de ahí se construye la magia.
Me parece curioso cuando menciona que para Pina las palabras son algo pasajero y que rara vez sirven para la comprensión. Porque de mi experiencia personal siento que las palabras deben usarse cuando es sumamente necesario porque el mensaje no va a llegar de otra forma. Así lo aprendí en narrativas audiovisuales, que, aunque no sea el arte escénico vivo como lo trabajamos en clase, se mueven en una misma área de trabajo y se guían por muchos de los mismos parámetros. Entonces me cuesta entender el uso de palabras pasajeras, sin embargo, es otra forma de ver las cosas y es parte de la mente abierta y la exploración que puedo permitirme.
Me tranquiliza la conciencia sobre la abundancia de imágenes y que de estas cada persona va a tomar lo que más se le acomoda con su concepción del mundo y la vida. Creo que así pasa o debería pasar con todas las formas de teatro y por eso las diferentes personas tienen una afinidad distinta con diferentes géneros y estilos. Pero al ver obras de danza contemporánea siempre me pregunto a mí misma sobre lo que debería estar viendo o pensando, y esto me hace reflexionar sobre mi forma de ver las obras. Que es posible pesar que no debo tomar lo que me quiere dar el director sino que lo que deba tomar es lo que selectiva (y tal vez inconscientemente) tomaré.
De ahí que también me resuena la frase, “Lo único que no es válido es una interpretación unilateral” porque por lo menos se puede ver invertidamente. Entonces Pina propone que cada uno pueda tomar lo que desee, pero teniendo una mente abierta a todas las posibilidades. Siguiendo con esta línea, Pina dice, “Yo encuentro muy bien que cada uno pueda ver las cosas a su manera. El peligro esa en que alguien aproche esta libertad y trate de imponerme su determinado punto de vista por el mero hecho de que lo ve así”. Ahí me identifico yo, pero a mi si no me gusta tanto esta libertad. A veces está bien poder interpretar a mi gusto, pero me gusta más saber qué era lo que se quería hacer o mostrar en la obra y cómo se dio este proceso.
En este capítulo también habla sobre el espectador decepcionado y cita a Adorno, “inconfesadamente intuyen (…) que su vida se les va a hacer completamente insoportable en el momento en que no puedan ya agarrarse de sus satisfacciones, satisfacciones que no son en el fondo, tales”. Lo que me hace pensar en lo mucho que me incomodan ciertas obras que no entiendo, y mis ganas de salir corriendo. Pero, así como pienso en esto, pienso que es posible ver las cosas de otra manera, y probablemente pueda tener una mejor actitud hacia los eventos escénicos que me incomodan.
En general la enseñanza que me queda sobre este libro es la de tratar de no juzgar, o por lo menos, la de tener la mente abierta a juzgar una obra y juzgar mis pensamientos desde diferentes puntos de vista. Me queda el aceptarme un poco más; si alguien hizo toda una carrera artística sobre las relaciones humanas, los parecidos entre todos, y las diferentes maneras en que cada persona aprecia los momentos de la vida, me parece de suma importancia tener esta conciencia sobre nosotros como un todo que a su vez es diferente e individual. Que nadie es del todo diferente o raro, pero que ver los diferentes puntos de vista nutre, y que en el caso de una obra de danza-teatro, o en cualquier obra de teatro en general, todo se puede apreciar de diferentes maneras, y que ahí yace cierta magia.